“Dios, el kión y el ajo me salvaron de la muerte”

ELOY JÁUREGUI. Narrador de historias, cronista reconocido, periodista. Contrajo el coronavirus cuando iba a un hospital para escribir historias sobre la pandemia. La muerte le ha respirado en la nuca y ha sobrevivido. Quiere recuperarse para seguir escribiendo. Tiene que terminar varios libros.


¿Qué has aprendido ahora que no puedes salir de tu casa con absoluta libertad?

Que era muy callejero y ahora vivo feliz en mi casa (no en el hospital) porque he descubierto una paz interior y mucha armonía con los míos. Además, me he conectado con Dios sin intermediarios.




¿A quién has extrañado demasiado en estos días de confinamiento?

A mis hijos, a mis amigos poetas de Hora Zero y a mis padres (ya fallecidos) que me acompañaban en mis sueños cuando era absorbido por las fiebres.


¿A qué le temes hoy?

Al dolor que produce el Covid 19. El virus me ha invadido los pulmones, los riñones y el hígado. Horrible oye. Gritaba de dolor y por mis venas parecía que corría lava volcánica. Ya me está pasando.


¿Qué cosa que te parecía importante hoy te parece insignificante?

El ocio creativo. Estar pensando en las musarañas. Hoy me faltan horas para vivir, para querer a los míos y terminar mis libros.


¿Si no pudieras volver a trabajar con cuál de tus roles anteriores te quedas satisfecho para siempre?

Jamás. Amo mi trabajo como periodista. Es una pasión crónica. Bueno, por periodista me infecté haciendo mi trabajo en los hospitales Dos de mayo y el Loayza. Pero no me arrepiento por nada. Apenas pueda leer y escribir (me ha disminuido la vista en 40 %) termino mi libro de crónicas “Asfixias – Crónicas desde la pandemia”


¿A quién has perdonado en este encierro?

A Aldo Mariátegui, a Richard Swing y a “Chibolín”. Tres extraterrestres.


¿Qué te han enseñado tus hijos en la cuarentena?

Creo que han afinado sus técnicas para el “pique”. Pero así y todo, me llamaban todos los días para ver como iba el progreso de mi enfermedad.


¿Con qué frase manejas tus angustias?

Con la oración. Soy católico. Rezo el Padre Nuestro y el Ave María con mucha fe. Yo creo que Dios, el kión y el ajo me salvaron de la muerte.


¿Qué plan que tenías para este año has cancelado con absoluta tristeza?

Todos. Mis clases, mis proyectos literarios y mis trabajos como free lance. Hoy estreno mi condición laboral: “Desocupado”. Sin AFP y sin CTS, solo me falta que dé la TBC.


¿En dónde está tu felicidad?

En el amor de mis amigos. Pero también en el afecto de otras personas maravillosas a quien no conocía y que me han escrito, me han alentado y han depositado en mi cuenta bancaria que abrió el Colegio de Periodistas de Lima. Unos 10 soles y otros hasta 500. Estaba hasta la remasetas y gracias al apoyo puede pagar la clínica, y hacerme las siete tomografías y otras pruebas a la sangre.

¿Qué lugar de Lima es el que más extrañas ahora que no puedes salir?

El Queirolo. Esa taberna entrañable en el Centro de Lima.


Si pudieras comprar un boleto y viajar, ¿a dónde Irias?

Regresaría a Florencia y Milán, allá donde fui feliz persiguiendo la ruta del gran poeta peruano Jorge Eduardo Eielson. Bueno, y por las pastas, los quesos y los vinos, no cambio esas ciudades maravillosas.


¿Qué parte de tu personalidad que no conocías has descubierto durante el confinamiento?

Un valor muy particular. Yo soy valiente por surquillano. Pero ante la muerte, me salió un coraje extraordinario para que el virus no termine conmigo.


¿Cuál ha sido tu sueño recurrente?

Ceno con mis padres y hablamos de películas mexicanas. Con Dolores del Río y María Félix, una y la otra al lado mío.


¿Qué libro o película te ha acompañado durante el encierro?

Ninguno. Porque el Covid 19 se ensañó con mi vista, eso fue lo primero. Hoy veo muy poco. No tanto como Borges, digamos como un buen Pirata del Caribe, con mi loro y mi ron.


¿Qué cosa nueva has aprendido?

Soy reiterativo. He aprendido a soportar el dolor. Hago respiración profunda y mucha oración.


Descríbeme en una frase tu encierro.

Odio a mis vecinos (quienes escribieron una carta pidiendo que me vaya a morir a Ticlio Chico).


Cuéntame una anécdota insólita de tu cuarentena.

He aprendido a cocinar sin candela. Full ensaladas. Ya no como Arroz con Chizitos. Y no dejo de tomar mi pócima divina: Kión, ajo, limón, cebolla y canela.


¿Cómo crees que será el mundo después del Covid-19?

Igual. Los pobres seremos más pobres, la Confiep, los bancos y las mineras serán más poderosas y los corruptos se multiplicarán por 69.


¿Qué piensas cuando te vas a dormir?

Qué me despierte, carajo, que tengo que pagar mi Netflix.


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