“La vida puede cambiar radicalmente de un momento a otro”

ROSANA CUEVA. Por consenso la periodista más poderosa del Perú. Todos los domingos su programa Panorama entrega reportajes de investigación que sacuden los cimientos del poder. Humilde y perseverante. Satisfecha con lo logrado en su vida profesional y personal. Está convencida de que la cuarentena ha sido una prueba de fuego para muchas familias




¿A quién has extrañado demasiado en estos días de confinamiento?

Principalmente a mis padres. Ninguna llamada telefónica o video chat (a pesar del enorme aporte que han significado) pueden compararse con la fuerza de un abrazo o una sobremesa con ellos.




¿Qué has aprendido ahora que no puedes salir de tu casa con absoluta libertad?

A tomar conciencia de la fortuna que puede significar estar vivos y sanos. El dolor de tantas vidas perdidas nos ha obligado a reconsiderar hechos que muchas veces damos por sentados pero que son un privilegio y se deben valorar como tal. Por otro lado, he aprendido también lo que es tomarte unos segundos, solo para tomar aire y encontrar la fuerza que te haga seguir adelante en un camino que, de un momento a otro, dejo de ser una autopista llana para convertirse en una trocha empinada. Cuando la cuarentena empezó nadie proyectaba el giro de tantos acontecimientos, la posibilidad de planes frustrados o la aparición de retos inesperados. Todo eso en casa, con toque de queda y salidas limitadas hace que la reflexión sea inevitable y bienvenida.

¿A qué le temes hoy?

A lo que nos deparará esta nueva normalidad. A la incertidumbre sanitaria y económica, que una segunda ola pueda arrebatarnos a familiares o amigos cercanos, que los planes que quedaron estancados no vuelvan a estar ahí. Temo que el futuro de nuestros hijos llegue a ser tan difícil como el que nos tocó vivir a los mi de generación y creíamos superado. Me niego, sin embargo, a vivir con miedo y prefiero el movimiento.


¿Qué cosa que te parecía importante hoy te parece insignificante?

Todavía me parecen insignificantes las reuniones o encuentros con personas que no aportan nada a tu vida, después de esos encuentros te sientas además “contaminada”. La cuarentena ha sido liberadora respecto a lo que uno podía percibir como un compromiso. Estar en casa te permite pasar por un proceso de detox, de tal forma que aprecias mejor aquello de que tu tiempo es oro y que podrías darle mejor uso.


Si no pudieras volver a trabajar, ¿con cuál de tus roles anteriores te quedas satisfecha para siempre?

Con el de reportera de investigación. Es el oficio al que más años de mi vida he dedicado y ha dejado muchas huellas en mí. La mesa de conducción demanda habilidades distintas con mayor énfasis en la búsqueda de la verdad a través del difícil arte de una buena entrevista y en pocos minutos. El reporterismo demanda calle y contacto directo con el entorno, largas horas de convencimiento. Ambos roles tienen sus secretos y desafíos, pero en el de reportera es el que me he sentido más como pez en el agua.


¿A quién has perdonado en este encierro?

Trato en lo posible de no cargar con resentimientos o rencores. El perdón es un acto difícil, de largo proceso y mucha convicción, pero también una carga pesada de la que es mejor deshacerse cuanto antes. Llegué a la cuarentena sin esa mochila.


¿Qué te ha enseñado tu familia en la cuarentena?

Que toda convivencia, por más amor que exista, siempre demandara paciencia, ponerse en los zapatos del otro y tolerancia. La cuarentena ha sido una prueba de fuego para muchas familias. Los primeros días parecen los de un largo de fin de semana hasta que te percatas que estas en medio de una crisis primero sanitaria y luego económica. Y ahí entra a tallar la familia, con la certeza de que contarás con ellos no solo en los momentos de confort sino también en los de impaciencia y temor.


¿Con qué frase manejas tus angustias?

Esto va a pasar pronto y todo será mejor. El pensamiento tiene fuerza, no voy a atraer negatividad.


¿Qué plan que tenías para este año has cancelado con absoluta tristeza?

Un encuentro para el que las maletas estaban casi listas con un grupo de becarias de la Organización Internacional Vital Voices en Bali, Indonesia. Vital Voices apuesta por el liderazgo de la mujer y cada año a través de una beca se trabaja en el desarrollo de habilidades que fortalecerán esa capacidad. En este caso un grupo de 25 mujeres de distintas partes del mundo. Con la pandemia encima y el cierre internacional de fronteras se canceló el viaje.


¿En dónde está tu felicidad?

En mí, en la forma en que evalúo o proceso cada experiencia que me toca vivir. Esta también en mi familia y amigos más cercanos. En los momentos simples de la vida.


¿Qué lugar de Lima es el que más extrañas ahora que no puedes salir?

Una escapada al mar. También un buen restaurante de los tantos que gozábamos antes de la pandemia.


¿Si pudieras comprar un boleto y viajar a donde irías?

Primero a Piura, a ver a mis padres; y luego a Bali.


¿Qué parte de tu personalidad que no conocías has descubierto durante el confinamiento?

Que hay tareas que obligatoriamente requieren paciencia, que los resultados serán más satisfactorios si se hacen con mucha calma. También lo obsesiva que te puede convertir una tarde de limpieza general.


¿Cuál ha sido tu sueño recurrente?

Que el virus desaparezca y tengamos un sistema de salud a la altura.


¿Qué libro o película te ha acompañado durante el encierro?

En Netflix la serie sobre Jeffrey Epstein, en libros “Yo soy Malala”.


¿Qué cosa nueva has aprendido?

A cocinar mejor, a manejar una serie de apps para hacer ejercicios, a programar una reunión vía Zoom así como otros descubrimientos digitales.

Descríbeme en una frase tu encierro.

La vida puede cambiar radicalmente de un momento a otro.


Cuéntame una anécdota insólita de tu cuarentena.

Una mañana, casi dormida saque a mi perrita a su paseo de rutina cuando de pronto me percaté que las pocas personas que se cruzaban me miraban y huían como si fuera la peste. Había salido sin mascarilla. Yo misma al percatarme sentí que estaba semi desnuda y volé a casa.


¿Cómo crees que será el mundo después del Covid-19?

Será un mundo consciente de que puede haber otra pandemia, que los temas sanitarios, así como los ambientales, son importantes. ¿Que eso se traduzca en políticas de estado? No estoy tan segura. Hemos desperdiciado tantas oportunidades para aprender que no me sorprendería. Ruego a Dios que esta no sea otra.


¿En qué piensas cuando te vas a dormir?

Que recuperemos pronto, no la vida de antes porque esa ya no existe, pero si un nivel de estabilidad del cual partir o empezar a reconstruir. La incertidumbre de cuando y como acabara es lo que más agobia.


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